Desde el siglo pasado Puerto Vallarta ha sufrido el acecho de oportunistas que sienten tener los tamaños suficientes para gobernar este municipio sin siquiera haber nacido en él ni mucho menos conocer su problemática.
Cada tres años aparecen personajes que gracias a la generosidad de la ley en materia de residencia abusan de ese vacío legal y buscan un cargo de representación popular.
El caso más ominoso en los últimos tiempos es el de Ramón Guerrero El Mochilas, quien tras ser diputado local por el 05 distrito aspiró con éxito a la presidencia municipal.
Hay otros menos exitosos aunque más insistentes, como el del sonorense Antonio Lugo que cada tres años insiste en ser diputado federal por nuestro distrito. Lo intentó por el viejo PRI y ahora lo intenta por Morena.
Pero el más lastimoso de todos es el del ex rector del CUC Javier Orozco, quien de manera vergonzosa vive aferrado a conquistar el poder político en Puerto Vallarta al precio que sea y por la ruta que sea.
Aunque es un cuadro político formado en la Universidad de Guadalajara, en el trienio del priista Gustavo González Villaseñor logró la encomienda de elaborar el Plan Municipal de Desarrollo y terminó acusando públicamente a Gustavo de incumplimiento.
Para su fortuna le cayó del cielo la rectoría del CUC y desde su llegada a esa posición utilizó burdamente el presupuesto de la universidad para impulsar proyectos políticos con la intención de apoderarse de la alcaldía.
Su mayor fracaso fue en las elecciones del 2009, cuando desde el CUC Javier Orozco armó un “trabuco electoral” con Max Lomelí Cisneros de candidato del PRD, con grandes luminarias de la iniciativa privada como integrantes de la planilla.
Al final el resultado no pudo ser más desastroso, Javier Orozco y Max Lomelí apenas consiguieron 2,861 votos que ni siquiera sirvieron para una regidora plurinominal.
Ese resultado no hizo que Orozco renunciara a su sueño de incrustarse en la nómina de Puerto Vallarta y en el 2020 se puso el chaleco guinda e intentó ser candidato de Morena.
Tras el fracaso se sumó al proyecto de Luis Munguía en el Partido Verde sólo para probar el sabor de la derrota una vez más.
Su mala puntería le impidió estar al lado de Munguía cuando éste finalmente ganó la alcaldía en el 2024, y hoy, vergonzosamente, ya hace precampaña en el PAN bajo el cobijo de Juan Calderón.
¿Cómo un destacado miembro del Grupo Universidad termina haciendo política en el ultraderechista PAN? De la manera más cínica posible, porque a estos personajes ya no les importa la ideología, lo único que los mueve es el ansia de poder.
Hoy, junto a las lonitas de Juan Calderon y ni un paso atrás, ya podemos ver las lonas blanquiazules con las que Javier Orozco se promueve con la promesa de que será a candidato a diputado local.
Para su desgracia Javier Orozco es un nacido para perder, así que seguramente lo veremos próximamente haciendo el ridículo que sólo el sabe hacer, acusando de traidor a Juan Calderon porque no le cumplirá lo que sea que le haya prometido.
Sin embargo son los riesgos de la democracia, cualquier incompetente está en su derecho de aspirar a cualquier cargo de elección, aunque evidentemente no esté preparado para ello ni el electorado lo considere alguien digno de apoyar.
