La escena ocurrió ayer en Bucerías, pero ilustra a la perfección lo que está ocurriendo en Puerto Vallarta: un sujeto que porta un cubrebocas le da un balazo en la pierna a un hombre y enseguida le arrebata a una mujer que lo acompaña una bolsa con 100 mil pesos que acababan de retirar del banco.
La escena grabada a corta distancia por un automovilista hela la sangre de cualquiera, porque refleja esa frialdad con la que los criminales operan a plena luz del día mientras los ciudadanos indefensos son agredidos de manera violenta.
Poco antes de este lamentable suceso, en Puerto Vallarta las fuerzas del orden se enfrentaron a una horda de salvajes albañiles que laboran en la ampliación del aeropuerto, quienes se enfrentaron a elementos de Tránsito Municipal para tratar de evitar el decomiso de una motocicleta propiedad de uno de sus compañeros.
Mientras el municipio entero arde de halcones que impunemente reportan al crimen organizado cada movimiento de las fuerzas federales en la región, desplazándose en motocicletas sin placas, sin cascos y sin ningún otro papel, los cumplidos agentes de Tránsito Municipal prefieren ir a cazar motocicletas irregulares a la hora en que ingresan cientos de albañiles a la obra del aeropuerto internacional.
Ante la respuesta de los albañiles, los Tránsitos municipales pidieron refuerzos y de inmediato la zona se llenó de patrullas policiacas, como si se tratara de detener al más buscado del FBI. El zafarrancho fue de película, pero al final se impuso la justicia, un peligroso albañil fue detenido y presentado ante la autoridad correspondiente para que pague por su felonía.
Mientras tanto, el ladrón que baleó al ciudadano en Bucerías se perdió entre la nada en compañía de su cómplice para desfrutar de su botín y planear el siguiente golpe.
En lo últimos días muchas casas de Puerto Vallarta han sido impunemente saqueados por todo tipo de criminales, lo mismo a plena luz del día que al amparo de la noche, sin preocuparse por ocultar sus rostros con cubrebocas, como si tuvieran la certeza de que nadie los va a detener.
Mujeres desaparecidas, mujeres asesinadas y arrojadas en la vía pública con toda impunidad, mientras una pandilla de políticos recorre las calles del municipio presumiendo que tienen la solución para todos los problemas de Puerto Vallarta.
¿Y el que prometió luchar contra el mal dónde está? El que nos prometió el gobierno del bien ya anda en campaña nuevamente, convencido de que nos merecemos otros tres años de grandes logros.
Pero resulta que el 60% de los vallartenses tenemos miedo, nos sentimos inseguros, en nuestras casas y en la calle. Hace apenas un año sólo el 27% de los habitantes de Puerto Vallarta se sentía inseguro, hoy esa percepción subió al 60% y no es gratuita, no es ficticia.
Tan mal anda el asunto que, entre febrero y julio del año pasado, el alcalde Luis Munguia pagó de 4.5 millones de pesos por concepto de seguridad privada. Por norma los presidentes son protegidos por elementos comisionados de la policía municipal, pero nuestro alcalde prefiere rodearse de guardias de seguridad privada, seguramente porque siente que los guardias municipales no le garantizan su seguridad.
Pero sólo el que carga el morral sabe lo que lleva dentro, no hay que olvidar que durante la propia campaña de Munguía fue asesinado su candidato a Síndico, quien fuera su principal operador y cuya muerte permanece impune, porque ni su padre ni el alcalde se han atrevido a exigirle a la autoridad el esclarecimiento del crimen.
¿En qué momento la alcaldía de Puerto Vallarta dejó de ser la solución y se convirtió en parte de nuestros problemas? ¿Desde cuándo la presidencia municipal pasó a convertirse en un botín de más de 3 mil millones de pesos anuales en las manos del político más marrullero capaz de ganar una elección?
Lo más preocupante es que como dicen los clásicos, lo mejor de todo es que esto se va a poner peor.
