La cercanía del próximo proceso electoral hizo un milagro que por años se antojo imposible: que el diputado federal de Morena Bruno Blancas se apareciera en Puerto Vallarta.
Surgido de la nada, beneficiado por esas extrañas formas que tiene Morena de empoderar a sus favoritos, Bruno Blancas lleva casi cinco años viviendo del presupuesto sin que represente algún mínimo beneficio para el electorado que dice representar en el Congreso de la Unión.
Mientras en otros partidos sus militantes dedican años, décadas, a forjar una carrera política para conseguir un cargo público de importancia, Bruno Blancas simplemente pasaba por ahí, levantó la mano y se ganó una diputación federal que solamente ha beneficiado a su bolsillo, porque ni siquiera se ha tomado la molestia de fingir que atiende a su electorado regalando despensas o algún tipo de gestoría.
Son los políticos llamados cebras, esos auténticos burros que se rayan cuando consiguen una candidatura. Y como no le deben nada a nadie porque nunca hicieron proselitismo, se comportan de una manera totalmente diferente al político tradicional, dedicándose a resolver sus problemas económicos sin preocuparse por siquiera aparentar que desquitan el jugoso sueldo que perciben cada quincena.
Pero nada dura 100 años, a Bruno Blancas se le está terminando su beca en el Congreso del Unión y decidió reaparecer en Puerto Vallarta con el pretexto de la conservación de los ecosistemas de manglares, en un evento celebrado en el Cecatur en días pasados, donde se proclamó como defensor del estero El Salado.
En agosto del 2024 tomó protesta por segunda ocasión como diputado federal y sus promesas fueron claras: conseguir recursos para la construcción del puente Federación y promover la construcción de un mercado de abastos.
Hoy el famoso puente Federación, ahora bautizado como Amado Nervo, está próximo a entrar en operación, sin que para ello haya tenido que ver en lo mínimo el diputado Blancas.
Y del Mercado de Abastos mejor ni hablamos, solamente existió en su cabecita pelona, porque en la práctica jamás movió un dedo para impulsar ese proyecto que por décadas ha sido reclamo de muchos sin que las autoridades lo tomen en serio.
Próximo a dejar la diputación federal que lo ha mantenido generosamente por cinco años, Bruno Blancas entiende que es momento de empezar a moverse para intentar conseguir su siguiente hueso, la diputación local por el 05 Distrito con Morena, porque considerarlo como aspirante a la alcaldía de Puerto Vallarta sería una broma de mal gusto, aunque seguramente en sus sueños guajiros se ve manejando el presupuesto de Vallarta.
Después de todo si otro mediocre peloncito como Pepe Martínez logró despachar en la alcaldía, aunque fuera por unos cuantos meses y como gato de los Michel, ¿por qué no había de soñar Bruno Blancas con repetir la hazaña?
Y es que ese es el problema de nuestro tiempo, que gracias a Morena cualquier pelagatos puede ser diputado, senador, gobernador o alcalde, cuestión de tocar la puerta indicada o incluso sacarse el premio en una tómbola o en una encuesta Patito.
En el siglo pasado decían los priistas llenos de orgullo: “si un olote nos ponen de candidato, por un olote votamos”. Y eso es exactamente lo que está pasando de nuevo con Morena, donde cualquier burro puede aspirar a rayarse si el dedo divino lo señala.
Pronto Bruno Blancas será pasado y nadie volverá a recordar su nombre, aunque él probablemente regresará a su vida privada con su economía resuelta, pero en el camino le habrá negado a Puerto Vallarta y a todo el 05 la oportunidad y el derecho de haber tenido un digno representante en el Congreso de la Unión.
Lo peor de todo todo es que hay elevadas posibilidades de que el sucesor de Bruno Blancas en la diputación federal por el 05 distrito sea Antonio Lugo Morales, un político que aunque lleva décadas peleando por esa posición no representa lo mejor de la política mexicana, sino todo lo contrario.
