Dicen que el dolor no tiene nacionalidad… pero la dignidad, al parecer, sí necesita permiso.
Hoy la historia no viene del mitote político ni del pleito por el hueso —que nunca falta—, sino de algo más incómodo: decidir cuándo dejar de sufrir. Y ahí es donde aparecen dos mujeres que, sin buscarlo, se volvieron símbolo de una batalla que muchos prefieren no mirar de frente.
EL CASO DE NOELIA
Por un lado, Noelia Castillo, en España. Allá, donde la ley ya permite la muerte asistida, ella no pidió privilegios, pidió descanso. Su cuerpo —dicen— era un campo de batalla constante: dolores que no daban tregua, días que no eran vida, sino resistencia. Y aún así, tuvo que pelear. Porque incluso donde la ley existe, el camino no es sencillo ni automático. Hay filtros, hay dudas, hay quienes aún creen que el sufrimiento es una especie de obligación moral.
Pero al final, en marzo pasado, lo logró. No ganó la muerte… ganó la decisión.
EL CASO DE SAMARA
Y de este lado del charco, en México, está Samara Castillo Ramos. Su historia no es menos dura, pero sí más cruel en términos legales. Aquí no hay opción. Aquí el dolor se administra, se prolonga… se institucionaliza.
Samara no solo lucha contra su enfermedad —que la obliga a depender de una máquina para limpiar sus riñones—, también lucha contra un sistema que le dice, con todas sus letras: “no puedes decidir”. Cada sesión, cada día, cada desgaste físico es también un recordatorio de que en este país la autonomía tiene límites… y el principal es la muerte.
DE AQUÍ Y DE ALLÁ
Y aquí es donde la víbora se enrosca. Porque mientras en España el debate ya pasó del “sí o no” al “cómo y cuándo”, en México seguimos atorados en la moralina, en el miedo político y en esa absurda idea de que legislar sobre la muerte es perder votos.
Lo que no dicen es que no legislar… también mata. Pero más lento.
DOS REALIDADES
Dos mujeres, dos realidades. Una que pudo decidir dejar de sufrir, y otra que tiene que justificar todos los días por qué ya no quiere hacerlo. Una que encontró un sistema que, aunque imperfecto, le dio salida. Otra que se enfrenta a un muro legal que le exige aguantar… porque así está escrito.
-¿Y entonces?
Entonces la pregunta incómoda no es si estamos a favor o en contra de la muerte asistida. La verdadera pregunta es: ¿quién tiene derecho a decidir sobre el dolor?
LOS DISCURSOS
Porque mientras los discursos se llenan de ética, religión y política, el cuerpo sigue doliendo igual… aquí y en España. Y eso, estimado lector, no es ideología. Eso es realidad.
