No solo es impacto a la imagen turística, sino también pérdidas materiales para los vallartenses que tienen que circular por calles destrozadas
El presidente municipal de Puerto Vallarta, Luis Ernesto Munguía, enfrenta un nuevo reto en materia de infraestructura pública tras los ataques del pasado 22 de febrero, cuando más de 220 vehículos fueron incendiados en distintas avenidas del puerto.
Además del impacto en la imagen turística y las pérdidas materiales, los hechos dejaron severas afectaciones en la carpeta asfáltica y en calles de concreto hidráulico, agravando el deterioro que ya presentaban muchas vialidades.
A diez días de los acontecimientos, en diversas colonias aún permanecen visibles las huellas de la violencia: restos de autopartes, manchas de hollín y montículos de ceniza que fueron simplemente orillados.
Mientras la franja turística ha recibido atención prioritaria en labores de limpieza, fuera de esas zonas persisten los vestigios del episodio, generando inconformidad entre habitantes que reclaman mayor intervención en sus colonias.
El daño estructural representa un problema adicional. El calor extremo generado por los vehículos incendiados erosionó el concreto en varios puntos, provocando la aparición de baches de gran tamaño que requieren rehabilitación inmediata.
La Avenida México es uno de los ejemplos más notorios, con tramos donde el pavimento presenta hundimientos y cráteres visibles, situación que se suma al abandono previo que ya registraba esta importante arteria.
La magnitud del deterioro coloca sobre la mesa un desafío urgente para la administración municipal. La falta de campañas sostenidas de bacheo y mantenimiento, señalada por distintos sectores ciudadanos, complica el panorama en una ciudad cuya movilidad depende en gran medida de sus principales avenidas.
El estado actual de las calles no solo refleja las consecuencias de la violencia reciente, sino también la necesidad de una estrategia integral de rehabilitación urbana, que no existe en la actual administración.
