Llegamos a esos días marcados por la tradición y la liturgia, esos momentos que invitan al recogimiento y a la reflexión espiritual. Sin embargo, en el corazón de Puerto Vallarta, la Semana Santa tiene una doble cara: mientras unos oran, otros trabajan intensamente para hacer de estos días su propio «agosto».
LA TEMPORADA DORADA
Es temporada de oro para el sector empresarial. Hoteleros, restaurantes, casas de huéspedes y, por supuesto, las propiedades que se ofrecen por plataformas digitales, ven en estas fechas la oportunidad perfecta para elevar sus tarifas hasta niveles estratosféricos. La demanda es tanta que el precio deja de ser un obstáculo, convirtiendo la estancia en un negocio redondo para quienes ofrecen techo y servicio.
EL FAMOSO BAR PISTOS
Quien bien sabía de esto era mi amigo Juan Carlos Castro Almaguer. Dueño del legendario bar «El Pistos», ubicado a espaldas del Carlos O’Brian’s, en pleno malecón. Para él, la Semana Santa era el momento cumbre del año; en esos pocos días lograba vender lo que otros negocios no facturaban en meses. Recuerdo ver cómo la gente se arremolinaba en su reducido local, y las anécdotas son tantas que darían para escribir un libro entero. Dicen que al final de la jornada, las ganancias eran tantas que se guardaban literalmente en bolsas de basura. Era la fiebre del dinero fácil y la buena venta.
LA BASURA QUE SE GENERA
Pero así como se genera riqueza, también se genera desperdicio. Se estima que la cantidad de basura que se acumula en estos días puede duplicarse con respecto a una semana normal. Y este año, el tema de los residuos cobra una relevancia especial.
Y DICE ADIÓS…
Justo ahora que Red Ambiental dice adiós tras 15 meses de concesión, el testigo pasa directamente a la administración municipal. Bajo el mando del alcalde Luis Munguía, y con Rodolfo Domínguez Monroy al frente de Servicios Municipales, el Ayuntamiento se hará cargo de recoger los desperdicios de los vallartenses.
SIN MARGEN DE ERROR
Estos días santos serán, sin duda, la prueba de fuego. El reto es inmenso y no hay margen de error: o el sistema nuevo funciona con eficiencia y logramos mantener la ciudad limpia, o corremos el riesgo de vernos inundados por la basura, manchando la imagen y la salud de nuestro Puerto Vallarta.
