Con el paso de las horas, la perspectiva de iniciar la reconstrucción de nuestra querida ciudad se hace cada vez más compleja y desafiante. No se trata solo de levantar muros, reparar calles o restaurar edificios de manera estructural — aunque estas labores son indispensables para devolver la normalidad cotidiana a los habitantes de Puerto Vallarta. Lo verdaderamente fundamental es reconstruir el tejido social que ha sido sacudido hasta sus cimientos; ¿cómo pretendemos borrar de un plumazo las secuelas que han dejado los hechos recientes? No podemos actuar como si nada hubiera sucedido, como si el dolor, la angustia y la desconfianza generadas no formaran parte de nuestra realidad colectiva.
MEDIOCRES, ES SU SELLO
Puerto Vallarta se ha consolidado como un lugar grande y relevante no por la grandeza de sus edificaciones ni por las promesas de sus políticos, sino gracias a la fortaleza, la solidaridad y el espíritu de su gente. Lamentablemente, la mayoría de quienes ostentan cargos públicos no han cumplido con las expectativas de la ciudadanía; salvo unos cuantos excepcionales que realmente se preocupan por el bienestar común, el resto conforma una parrada de mediocres que más bien se preocupan por sus propios intereses que por el desarrollo de la región.
EL TERCERO
Jalisco se encuentra a punto de formar parte de un selecto grupo, ya que Guadalajara está entre las tres ciudades mexicanas seleccionadas como sedes para eventos de calibre mundialista, junto con Monterrey y la Ciudad de México. Por lo más sagrado que nos une como comunidad y como país, esperamos con todas nuestras fuerzas que ninguna de estas localidades tenga que vivir una experiencia similar a la que hemos padecido en las últimas horas no solo en Jalisco, sino también en otras 19 entidades del territorio nacional. La magnitud del impacto ha dejado huellas profundas en miles de vidas, y no podemos permitir que algo así se repita.
LA ORDEN NO ERA MATARLO
Ruego a Dios para que ya no suceda nada más grave. Ha trascendido que la instrucción proveniente de Washington era clara: capturar a Nemesio Oseguera, conocido como “El Mencho”, pero no liquidarlo. Esta disposición resulta sumamente sospechosa y genera múltiples interrogantes sobre los verdaderos intereses que subyacen detrás de esta operación. ¿Qué fines se buscan con la captura en lugar del enfrentamiento directo? ¿Qué implicaciones tendrá esto para la seguridad y la estabilidad de nuestro estado y del país?
LA SUSTITUCIÓN
Por lo pronto, en los círculos que siguen de cerca la situación, se espera que el proceso de relevo dentro de la organización liderada por “El Mencho” no sea tan violento como otros sucesos que hemos presenciado en el pasado. Sin embargo, nadie se ilude: aunque pueda evitarse una confrontación armada a gran escala, difícilmente será un traspaso pacífico. Las dinámicas que mueven a estas estructuras son complejas y están marcadas por la rivalidad y el poder, por lo que debemos estar preparados para cualquier eventualidad y seguir trabajando por la paz y la justicia en nuestra tierra.

