Hay momentos en que la realidad deja de parecer una secuencia de hechos para convertirse en un parte de guerra. No una metáfora, sino un inventario crudo del desorden global. Así, sin adjetivos sobrantes ni anestesia retórica, Carlos Loret de Mola puso sobre la mesa —desde su programa en Latinus— un recuento que más que balance anual parece acta notarial del caos: el primer año del segundo mandato de Donald Trump. Lo que sigue no es una opinión ligera ni un ejercicio de exageración mediática; es la enumeración puntual de un poder ejercido sin freno, de un liderazgo que confunde fuerza con estridencia y de un mundo que, atónito, ha tenido que acostumbrarse a vivir al ritmo de los impulsos de un solo hombre. Este es, pues, el recuento de los daños.
“Hoy se cumple un año de que Donald Trump llegó a la presidencia. Ha sido un año abrumador, agotador, extenuante. Le puso aranceles a prácticamente todo el mundo: a Canadá, a México, a países latinoamericanos, europeos, africanos, asiáticos, desde luego a China y hasta a islas en donde solo habitan pingüinos. Amenazó con desaparecer el T-MEC, denominó a los cárteles como organizaciones terroristas y amagó con intervenciones militares en México. Bombardeó las instalaciones nucleares de Irán, bombardeó Siria, bombardeó Yemen, bombardeó narcolanchas en el Caribe y en el Pacífico, bombardeó Venezuela y capturó al dictador Nicolás Maduro. Pactó con Delcy Rodríguez, menospreció a María Corina Machado con todo y que ella le regaló su premio Nobel de la Paz. Logró la paz entre Israel y Hamás. Dijo que él se va a encargar de gobernar la Franja de Gaza y propuso que se convirtiera en una riviera turística.
En la guerra de Ucrania, a Zelenski lo emboscó y humilló en la Casa Blanca; luego se reconcilió, lo elogió y después lo volvió a ignorar. A Putin lo amenazó, negoció, lo recibió en Alaska, lo volvió a amenazar y ahora su plan de paz contempla que Rusia se quede con parte de Ucrania y que Ucrania y Europa lo acepten. Trump orilló a varios países en conflicto a negociar la paz: Pakistán e India; Tailandia y Camboya; República Democrática del Congo y Ruanda; Armenia y Azerbaiyán. Pidió que le dieran por eso el Premio Nobel de la Paz y, como no se lo dieron, hizo berrinche. Semanas después, la FIFA se inventó su propio premio de la paz y se lo dio.
Ahora Trump quiere anexarse Groenlandia por las buenas o por las malas, aunque eso desbarate a la OTAN y ponga en línea de guerra a Estados Unidos con sus aliados históricos. Ya se peleó con Reino Unido, con Francia, con Alemania, con Países Bajos, con Dinamarca, con Finlandia, con Suecia, con Noruega. Amenazó con expropiarle a Panamá el canal de Panamá. Quiere que Canadá deje de ser país y se convierta en el Estado 51 de Estados Unidos. Se metió en las elecciones legislativas de Argentina y ganó. Se metió en las elecciones presidenciales de Honduras y ganó. Lo mismo en Chile y en Polonia.
Cuando eligieron al nuevo papa, dijo que él debería ser el papa. Cuando cayó el presidente de Venezuela, se proclamó en redes presidente de Venezuela. Cuando se organizaron miles de protestas en Estados Unidos para recordarle que él no era rey, se puso como rey. Y como rey lo recibieron en Arabia Saudita, en Emiratos Árabes Unidos, en Catar, Malasia, Japón y Corea del Sur.
El presidente colombiano, Gustavo Petro, ha sufrido a Trump. Le quitó su visa, lo llamó narcotraficante, amenazó con detenerlo y luego hicieron las paces. A Claudia Sheinbaum le tira flores y luego pedradas. Le dice que es maravillosa y elegante, pero luego afirma que ella no manda, que mandan los narcos y que ella está muerta de miedo.
Trump ya envió aviones espía a México. También ha puesto barcos militares a vigilar las aguas cercanas al país y ha quitado visas a políticos del régimen. Nos ha puesto aranceles, los ha pausado, los ha vuelto a imponer y después les hace descuento. Obligó al gobierno mexicano a mandarle escáneres para combatir la droga y a sellar la frontera. Le cambió el nombre al Golfo de México. Ordenó redadas masivas de ICE contra migrantes. Mandó a la Guardia Nacional a ciudades santuario: Los Ángeles, Chicago, Washington, Portland, y ahora tienen la mira puesta en Minneapolis.
Trump quitó visas a estudiantes, a políticos y a civiles que lo criticaron. En Nueva York insultó al nuevo alcalde de la ciudad, Zohran Mamdani, hizo campaña contra él, ahí perdió y luego lo recibió en la Casa Blanca como si nada. Trump también se ha ido contra los medios de comunicación que lo critican. Llamó “cerdita” a una reportera y “estúpida” a otra. Demandó a CBS, ABC, BBC, The New York Times y The Wall Street Journal. Ordenó catear la casa de una reportera de The Washington Post. Hizo que suspendieran al comediante Jimmy Kimmel y amenazó a Stephen Colbert, Jimmy Fallon y Seth Meyers.
Se salió de la Organización Mundial de la Salud, eliminó la USAID y se peleó con las universidades: Harvard, Columbia y Pennsylvania. Trump también se fue contra el líder de la Reserva Federal, Jerome Powell, y le abrió una investigación criminal. Eliminó las políticas de diversidad, equidad e inclusión del gobierno. Quitó a los atletas trans de los deportes femeninos. Retiró varias vacunas del plan de salud infantil y hasta invirtió el orden de la pirámide alimenticia para que se comiera más carne roja y más leche entera. Abarató las medicinas y va por las tasas de interés de las tarjetas de crédito.
Empezó con Elon Musk como su brazo derecho; luego se peleó con él; después se reconcilió. Nombró secretario de Defensa a un conductor de Fox News; secretaria de Educación a una reina de la lucha libre; secretario de Salud a un antivacunas; director del FBI a un conspiranoico; y a su amigo del golf lo designó enviado especial en varias zonas de guerra. Otorgó mil seiscientos indultos a radicales de su movimiento, sobre todo a los que asaltaron el Capitolio. Bajo su mando asesinaron al activista de derecha Charlie Kirk.
En octubre se peleó con los demócratas por el presupuesto y el gobierno cerró 43 días. Trump primero prometió liberar los archivos del caso Epstein, luego dijo que no había nada que revelar y cerró el caso. Al final liberó varios archivos, pero censurados. Le añadió su nombre al Kennedy Center, mandó a hacer una visa dorada con su rostro. Tiene bocetos para poner su cara en una moneda conmemorativa de la independencia. Mandó demoler el ala este de la Casa Blanca para construir un salón de fiestas. Cambió las descripciones de los retratos de los expresidentes, rebautizó el Departamento de Defensa como Departamento de Guerra y ordenó construir para Estados Unidos una cúpula dorada al estilo del Domo de Hierro de Israel.
Y todo esto durante su primer año de gobierno, porque los dos intentos de asesinato que sobrevivió ocurrieron durante la campaña. Así que, a partir de hoy, bienvenidos al segundo año de Donald Trump”.

